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jueves, 20 de agosto de 2009

Similitudes

A lo largo de los últimos meses había observado, casualmente y sin saber por qué, a una mujer. Ahora sé que había algo en ella que, desde un principio, me irritaba. Hoy la he vuelto a encontrar y he sentido un turbio desagrado, una sensación que de golpe, como una imagen que se dibuja sobre un fondo de niebla, revela ahora sus contornos, su compacta solidez. Cierro los ojos y siento que el disgusto abre paso a una certidumbre y sus palabras, ella te causa molestia porque se parece a ti, porque tiene rasgos tuyos que indudablemente deben de ser molestos para los demás.

Me digo esto y después, siento vergüenza.

martes, 28 de abril de 2009

Mi padre y algunas otras instantáneas en tiempos de la Influenza


Mi padre, un hombre que está por alcanzar la edad de 84 años, no cree que la epidemia de influenza represente un peligro real. El va por la vida como si nada estuviese ocurriendo alrededor. Lo que más llama su atención es el hecho de que los restaurantes que suele frecuentar, hoy han tenido que cerrar sus puertas. Sólo venden comida para llevar, me informa consternado.
Cuando le pregunto si lleva tapabocas, ríe y me contesta con un no rasgado por su propia risa, y en su expresión, en el tono de su voz, percibo un filón de burla, de cierto menosprecio por mi pregunta y por la situación y por todos los que en la ciudad sienten temor por la epidemia; siento la misma presunción y orgullo que he percibido cuando me habla de algún conocido o familiar que, con menor edad que la suya, ha fallecido antes que él.

Al colgar el teléfono, recordé algunas frases de Masa y Poder, de Elias Canetti:

El hombre no sólo quiere estar siempre, él quiere estar cuando los otros ya no estén.
hshshs
Quien se enfrenta al destino, quien realmente sobrevive, quien vuelve a enfrentarse, quien acumula los momentos de supervivencia, aquél puede alcanzar el sentimiento de invulnerabilidad.

jdjdjdjdjd
Impotencia, enojo, ruindad
sjsjsjs
Una madre a la que entrevistan en la televisión se queja de que no la reciben en el mayor hospital de especialidades respiratorias. No hay capacidad para atender a la gente que acude en busca de atención.
Vemos a dos guardias a la entrada del hospital quienes le impiden el paso al tiempo en que, torpemente, le insisten en que no la pueden recibir, que sólo podrán ser atendidos aquellos pacientes que "no sean de primera vez". La mujer se da la vuelta y se va.
djdjdjdj
sjsjsjs
Prepotencia, inmoralidad, infamia
sjsjsjs
En otra escena, vemos a los trabajadores del mismo hospital declarando que harán huelga de brazos caídos si no se les proporcionan suficientes elementos de protección para su trabajo. Mencionan a un "jefe de unidad" que no sólo respalda su posición, sino que les dio instrucciones precisas de no atender a los enfermos.
sjsjsjsj
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Ausencia
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Mi amigo Miguel vive absorto en su trabajo, en sus horarios irregulares y en sus turbulencias emotivas. Hablé con él y me relató que casi no había escuchado nada y prácticamente no se había percatado de lo que sucedia a su alrededor hasta que, una noche, al terminar una jornada de trabajo, se fue a un restaurante - cantina a cenar algo. Imáginate, todos los meseros con tapabocas… algo debe estar pasando.
sjsjsjs
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La distancia entre 2 polos
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Me encuentro con un conocido el Viernes 24, exultante de alegría, festejando el que no tendrá que acudir a trabajar algunos días. El sábado 25, nos visita, atemorizado, pero aún sin haber llegado al punto de perder el control sobre sí mismo. Confrontante, en movimiento, en búsqueda de soluciones.
Al verme, me pregunta si no estoy infectado y si aún me puede saludar. Me doy cuenta de que no bromea.
sjsjsjsj
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La burocracia de la salud
sjsjsjsj
Un médico, director de un hospital, habla en la televisión. Es presentado como un "experto". Distante, el médico se esfuerza por responder a las preguntas que la gente hace por teléfono o correo electrónico. Por momentos se contratice y en no pocas ocasiones muestra impaciencia ante la repetición de las preguntas. Se nota incómodo, inseguro. Una y otra vez trata de eludir las preguntas que ponen en duda la capacidad de atención médica de los hospitales públicos y privados.
-La Influenza causa la muerte porque provoca cuadros de Neumonía.
sjsjsjsj
Después, repite una y otra vez:
-Tenemos suficientes medicamentos para atender las necesidades de la población.
sjsjsjsj
Han pasado algunos minutos, y el experto revela:
-Los medicamentos serán suministrados sólo a aquellos que se encuentren en la "punta de la piramide", es decir en un estado avanzado de la enfermedad; no a aquellos que llegan y que conforman la base de la pirámide.
sjsjsjsj
Titubea, recobra la compostura y, ante todo, la distancia protectora que le da el ser el experto que dirige uno de los más importantes hospitales del país.

jueves, 19 de febrero de 2009

Género y Pecado

Basados en la experiencia de los Sacerdotes y, sobre todo, de su ejercicio de la confesión, el Vaticano afirma que tratándose de “vicios” y pecados, el género también cuenta.

Según la nota de El País, las conclusiones a las que llega el Vaticano se pueden resumir así:

Ellos son predominantemente lujuriosos, glotones y perezosos.

En cuanto a ellas, el Vaticano las califica de soberbias, envidiosas e iracundas.

Hay algo en esta “calificación” que me recuerda esa antigua opinión de la iglesia católica con respecto al aspecto peligroso y amenazador de las mujeres, contrapuesto con la débil posición del hombre víctima de sus deseos ¡Qué tan fácil puede ser manipular esa proverbial debilidad del hombre con las tentaciones del sexo, los placeres del comer y las interminables promesas de descanso¡

En pocas palabras, una de las interpretaciones que se le puede dar a la opinión del Vaticano, es la de que son las mujeres las que tienen el control, si no en la esfera de lo público, sí en el ámbito privado.

¿Tiene algún sentido esta opinión? ¿Aún es posible que algunos confesores sean capaces de observar más allá de esa categorización de la conducta conocida como “pecados” y “virtudes”? ¿Serán conscientes de que detrás de cada acción se oculta una necesidad, un anhelo o un dolor que probablemente hunde sus raíces en la sombra?

¿Serán capaces de sentir el peso inmenso de esas máscaras, las propias, las de los demás; la densa bruma que se extiende por su iglesia?
gggggg

domingo, 15 de febrero de 2009

Guerra Civil en México (1)

Nadie parece tener claridad sobre el número exacto de grupos armados que se disputan el poder en México. Y no me refiero a los grupos que han considerado que sus demandas sociales no podían ser satisfechos por medio de la política “institucional” y que, entonces, han optado por la lucha militar (los así llamados grupos guerrilleros). No, me refiero a la lucha que en pocos años ha sembrado el país con miles de muertos.

¿Y por qué hablo de una guerra civil y no de una disputa por territorios y por negocios entre grupos criminales? La respuesta no es sencilla. De ser organizaciones criminales, ahora estos grupos parecen estar mutando, en sus métodos y manera de operar, a grupos que no aspiran únicamente a mantener cierto control territorial y a generar las condiciones que les permitan hacer sus negocios sin obstáculos, sino que en los últimos tiempos también han declarado su aspiración de ejercer el poder político sin ningún intermediario. Estos grupos de ciudadanos mexicanos fuertemente armados que se baten en las calles del país con el ejército y con otros grupos de civiles, parecen estar hartos de la debilidad del control, digamos indirecto, que han ejercido siempre a través de aquellos que detentan el poder político: alcaldes, gobernadores, militares, secretarios de estado, jefes policiacos; eslabones todos de una cadena que se ha roto una y otra vez y ahora, con la exacerbación de la violencia, estos grupos parecen querer demostrar que ya no están dispuestos a seguir ejerciendo el poder de la misma forma a como lo habían venido haciendo hasta el momento.
gggg
¿Quién o quiénes están llamados a ganar esta guerra tribal en que los diferentes grupos armados muestran públicamente las cabezas de sus oponentes? ¿Cuántos muertos más tendrá que haber antes de que se pacte una tregua medianamente sólida y el estado posponga temporalmente el establecimiento de un narco estado criminal?
dddd
¿Hasta dónde han penetrado en los aparatos del estado, cuáles son sus planes, hasta dónde estará el gobierno dispuesto a someterse?

¿Cómo están estos grupos usando, ahora mismo, sus enormes recursos para reclutar a otros muchos ciudadanos hartos ya de la discriminación y la pobreza?
ffffff
¿Cuántos son los combatientes?

sábado, 31 de enero de 2009

Hugo Chávez es Amor

Uno: "Porque Chávez nos ama, y amor con amor se paga".

Dos: "Porque Chávez nos ama y por eso es incapaz de hacernos mal. Si propone la enmienda, sentimos, sabemos, que lo hace para el bien de nosotros, del país, de la revolución".

http://www.elpais.com/articulo/internacional/razones/amar/Chavez/elpepuint/20090130elpepuint_4/Tes


Estas son las frases que está usando el gobierno de Hugo Chávez para convencer a los ciudadanos venezolanos de que voten a favor de la enmienda constitucional que le permitirá su reelección indefinida. ¿Una campaña basada en el “amor”? No precisamente. Leo estas frases y detrás escucho el rumor de otras palabras, a veces dulces, a veces iracundas, furiosas, vengativas. Escucho un reclamo y un intento por manipular a los demás, burdo, sensiblero, soterradamente agresivo. En fin, escucho la voz del prócer hablándonos así:

Escúchame, soy un padre amoroso y todo lo que hago es por tú bien. Estoy aquí para protegerte y por eso debes confiar en mí, ciegamente. Jamás te haré daño. Ven, acércate, no hay nada que temer si estás conmigo, si te dejas rodear por mis brazos protectores, por la fuerza de mis palabras; por su poder de mando, de fuego y acero. No debes olvidar que los enemigos están allá afuera, sordos a la potencia de mi voz. Pero no temas, ellos no se atreven a acercarse porque saben que yo soy más fuerte y que los puedo destruir, aplastar, hacer pedazos. Tú sabes que yo te amo y espero ser correspondido en este amor. Porque si tú lo permites, podré cuidar de ti por siempre y tú vida será sencilla y cómoda y no habrá ningún motivo de preocupación. Tú y yo iremos juntos hacia el futuro, a construir juntos una gran nación en la que sólo los que no estén a mi lado deberán temer. Su vida, te lo digo con toda seguridad, será un infierno y tú y yo, juntos, nos reiremos de sus errores, de su desventura, de su infinita ingratitud hacia nosotros. Cantaremos, beberemos, bailaremos. Este es nuestro destino.

Escúchame bien, Yo, Hugo Chávez, cuidaré de ti por siempre.

jueves, 22 de enero de 2009

Turismo Espacial

Un habitante de la ciudad de México está en la lista de los próximos turistas “espaciales”. Me entero ahora que hay una compañía que se encuentra construyendo la nave en la que, a partir del 2010, podrán hacerse viajes de 4 minutos al espacio. El costo: $200,000 dólares.
No me llama tanto la atención el hecho de que en este país de profundas desigualdades, haya personas que estén dispuestos a cumplir su sueño de viajar por el espacio. Ésta, creo yo, es una aspiración genuina. Lo que más atrajo mi atención en la nota en la que se da cuenta de esto, es el hecho de que es una agencia de viajes la que se encarga de comercializar estos paseos. En una lógica puramente mercantil, esto parece una obviedad: es un viaje, pues que sea una agencia de viajes la que se haga cargo de venderlos. Pero, ¿y dónde queda el mito de la “aventura espacial”, si ahora es posible comprar un boleto en la agencia de viajes más cercana? ¿Qué sucede con esa condición de excepcionalidad que solían tener los astronautas –o cosmonautas, dependiendo de la vieja filiación ideológica del mundo bipolar-? Viajes Lozano ha llegado para ayudar al derribo de estos mitos.
Por otra parte, no pude dejar de pensar en estos primeros turistas espaciales. ¿No será que, además de comprar su boleto para viajar 4 minutos al espacio, también están apostando a la celebridad –y la recuperación de su inversión- que habrá de traerles su “aventura”? Ya veremos.
La notica puede leerse aquí: http://www.eluniversal.com.mx/notas/571233.html

martes, 13 de enero de 2009

Bush, el arrepentido

Ya con la cuenta regresiva de su mandato acercándose al final, el todavía presidente George W. Bush dio muestras de algo cercano al arrepentimiento o, por lo menos, al reconocimiento de que como presidente de los Estados Unidos de América, había cometido algunos errores. Su muy personal lista de fallos se limitó, en sus palabras, a proclamar la victoria de EU en Irak en 2003 (entiéndase bien: la guerra no fue un error, sino el anunciar la victoria “anticipada”) y al manejo de su administración de la catástrofe provocada por el paso del huracán Katrina por la ciudad de New Orleans. Por otra parte, se dijo “decepcionado” de no haber encontrado armas de destrucción de masas en Irak. Interesante que esto le causara una “decepción” cuando a cualquiera en su sano juicio le hubiese causado alivio. ¿Decepción por haber tenido que reconocer en público que todo era una gran mentira y el sólo un vulgar mentiroso? Bueno, digamos que quizás la muerte de miles de personas no causa ningún sentimiento de tristeza o conmiseración, pero aún en los individuos más obtusos, hay inquietudes que pueden alcanzar el corazón o esos recovecos del alma donde se agazapa la vergüenza: a fin de cuentas, una emoción, un ser humano.
Conforme avanzaba en la lectura de la nota (http://www.elpais.com/articulo/internacional/Bush/defiende/orgullo/gestion/elpepiint/20090113elpepiint_7/Tes) mi mente enumeraba algunas más de las muchas catástrofes en las que ese hombre tiene responsabilidad (lista que puede ser tan larga como se quiera, empezando por el empobrecimiento de millones hasta el calentamiento global, sin contar la estela de muerte que sembró y cosechó alrededor del mundo); desastres en los que, creo, jamás habrá de reconocer su responsabilidad. ¿Lo sabe y no lo quiere reconocer por no volver a abrir las puertas de la culpa, o sencillamente el hombre no tiene la capacidad humana de reconocerlo? Difícil decirlo.
Otra hipótesis es que, justamente, unos días antes de irse, George W. Bush, ha empezado a preparar el camino para lo que casi cualquier presidente vituperado o con alguna dudosa carga a cuestas (casi todos los ex presidentes Mexicanos lo han hecho) se empeña en llamar algo así como “Mi Verdad”. Y lo hacen en forma de un voluminoso libro en el que tejen la justificación de sus actos. Autobiográficos, sensibleros, grandilocuentes (es el tono adecuado al tamaño de sus Verdades), dichos libros siempre logran enganchar a muchos lectores con la promesa de encontrar entre sus páginas algún secreto de los entretelones del poder y esto, casi nunca, sucede. Al contrario, y como diría Bush, la búsqueda de esos secretos se suele tornar en decepción.
Si esa es su intención, ¿nadie le habrá dicho que esos intentos reivindicadores perpetrados por ex presidentes que se creen injustamente tratados por la historia, nunca sirven para nada?

sábado, 10 de enero de 2009

Arte y Narcos

Leo hoy una nota cuyo título dice así Narcos suelen comprar arte, pero no distinguen falsos y francamente me hizo no sólo sonreír sino también pensar en los Narcos mexicanos (porque la nota se refiere principalmente a Narcos colombianos cuyos bienes han sido incautados). Sería muy interesante saber cuántas obras, auténticas o falsas cuelgan en las mansiones de los Narcos, en sus ranchos, en sus casas de seguridad, en sus despachos. Cuántas obras están ahí porque hacen juego con un sofá de color rojo o con un crucifijo de marfil. Cuántos artistas o artesanos de la pintura sin mayor aspiración artística, tendrán entre sus clientes habituales a las distinguidas esposas o compañeras en turno de algún narco a quien, en el fondo, le importa un pepino el Tamayo o el Rubens que un comerciante de arte trata de venderle por una cifra abultada. Caray, qué importancia pueden tener los cuadros esos cuando su mujer se siente halagada con la admiración o el silencio aprobatorio de esas damas, las vecinas ricas quienes últimamente han aceptado sus invitaciones a tomar café en casa. Mujeres que al parecen nunca han visto un oso polar disecado o un tigre blanco enjaulado en un jardín. Y así pensará el señor narco quien seguramente habrá visto ya demasiadas obras de arte en las residencias de algún socio o amigo funcionario.
¿Y las obras de arte auténticas? ¿Cuántas son, dónde están, dónde habrán de quedar una vez que los señores narcos desaparezcan en alguna cárcel, penthouse en Miami o Nueva York, oficina de gobierno o bajo el fragor de una balacera? ¿Qué suerte correrán aquellas obras que sean confiscadas para luego aparecer colgadas en alguna residencia quizás no muy alejada a la que ocuparon cuando hacían juego con el sofá rojo que tanto disfrutaba la señora narco?
¿Eres artista y en estos tiempos de escases económica te cuesta más trabajo vender tu obra? Pues no olvides a los narcos. Tienen plata y gusto por el arte (aunque sus criterios estéticos sean cuestionables). ¿Qué dónde los puedes encontrar? Eso no es problema. Casi todo el mundo conoce o sabe dónde hay uno. Sólo pregunta un poco y verás.
¿Te preocupa el que te obra termine dañada por dardos, puñales o disparos de AK47? Es verdad que el riesgo existe; simplemente trata de no pensar en esto y sí en que este mes, por fortuna, podrás ponerte al corriente con el pago de la renta.

Por cierto, la nota de referencia se puede leer aquí:
http://www.jornada.unam.mx/2009/01/10/index.php?section=cultura&article=a06n2cul

jueves, 24 de abril de 2008

Raga, mi hijo y yo

Rāga (en sánscrito राग "rāga" (masc.) significa literalmente "color" o "modo, estado de ánimo").

Amanece y nosotros escuchamos música de la India. Vamos en el automóvil y observamos las nubes, el cielo que es rojo, naranja y azul, las nubes que se desgranan desde el horizonte. Los automóviles avanzan y nos pasan mientras nosotros escuchamos, en silencio.

-Papá, qué bonita música. Parece la música de un lugar donde hace mucho calor, donde hay mucho Sol. Parece la música de Teotihuacan, de las pirámides y de todas las piedras que hay ahí.
...

La Raga, en la música de la India, se basa en una serie de cinco notas musicales o más, sobre las cuales se fundamenta una melodía. En la tradición musical india, los raga se interpretan según la hora del día y la estación del año.

martes, 5 de febrero de 2008

Trasvesti

A Gerardo, Memo y Carlos, quienes estaban
conmigo cuando ocurrió la representación.
Está ahí, sentado frente a su acompañante y, entre una frase y otra, él piensa que en realidad está abusando de ella. Qué más da que haya sido así. Necesitaba a alguien y quién mejor que su eterna amiga gris. Pobrecita. Le había pedido que lo acompañara porque sabía que no podría hacer su representación a solas. Además, tampoco quería esperar más, retrasar el día en que al fin pudiera tomar sus prendas femeninas y elegir las que habría de portar para esa noche; el momento en que podría maquillarse cuidadosamente al tiempo que volvía a repasar, a solas, muchos de los gestos y ademanes que poco a poco había ido incorporando al repertorio que ensayaba cada noche ante el espejo.
Para esta ocasión, se encargó de elegir el sitio más visible y condujo hasta ahí a su acompañante. Una vez instalados, él comenzó la exhibición. Ahora, con su abundante cabellera rizada, el ademán de tomar una y otra vez un mechón y echarlo alternativamente de un lado a otro dejaba de ser sólo una mímica. Esta vez, el movimiento se acompasaba a ciertas frases, a la forma con que había aprendido a arrastrar la voz hasta casi convertirla en un susurro, en exclamación luego y finalmente en un silencio. Un segundo después él retomaba el ritmo de sus frases al tiempo que ladeaba la cabeza y dejaba que su mano se enredase en alguno de los mechones que caía sobre sus hombros. Y era precisamente la manera como él jugueteaba con su pelo lo que lograba atraer la atención de los demás, y cuando él se percataba de que las miradas eran de otros hombres, entonces el juego consistía en mantener esa atención. Anhelaba secretamente que esas miradas se regodearan en él tal y como podrían abandonarse en la contemplación de una auténtica mujer. Así, levantaba un brazo y sacudía sus pulseras o, con gesto teatral, llevaba la cabeza hacía atrás y jugueteaba con su collar de plata, ahora enredando sus dedos en él, ahora deslizando sólo un dedo, distraídamente, hacía su escote. En ese momento trataba de no pensar en sus manos masculinas y concentraba su anhelo en que aquel que la observaba no reparase en las formas de sus manos sino que, ese resbalar por el escote fuera capaz de guiar la fantasía, a través del contorno de sus senos, hacía un sueño en que él dejaba atrás cualquier señal de que había nacido hombre y finalmente podría abandonarse en su nueva identidad; en el sueño momentáneamente compartido de ser una auténtica mujer.
En este sueño nadie puede ver ya a su acompañante.

sábado, 26 de enero de 2008

Sombra

Suelo sentir una zozobra incontenible, una especie de metafísica congoja frente a la gente que obtiene lo que quiere. ¿Cuántas horas o minutos les tomará, me pregunto mientras los observo todavía con el premio en las manos o el ascenso o el nuevo amor o justo antes de partir a la otra ciudad, para sentir todo dentro y todo junto eso que el filósofo francés Nicolás Grimaldi denomina como el desencanto? La situación es bastante común: un buen día un hombre o una mujer desea algo. Luego, de preferencia ese mismo día, de preferencia inmediatamente después de desear, ese hombre o esa mujer se dedica a tratar de conseguir ese algo con disciplina y con ahínco y, si se puede, con pasión. Otro día, tal vez un día bueno, eso que era el porvenir, eso que era pura imaginación, se transforma en el presente, se vuelve percepción. El deseo, como se dice, se convierte en realidad, y el hombre y la mujer, en lugar de brincar de alegría o, para ser justos, apenas unos instantes después de hacerlo, se quedan mirando hacia el horizonte a través de la ventana —la boca abierta, las manos en alto, la interrupción. ¿Así que de esto se trataba todo?

Cristina Rivera Garza

http://www.milenio.com/mexico/milenio/firma.php?id=587688

Y yo me pregunto:¿cuánta gente vive anclada precisamente en la experiencia inversa, en la sensación circular de que nada de lo que desean logra cumplirse y entonces su vida se acostumbra a un perpetuo tono gris, a tratar de olvidarse poco a poco de ese ánimo que respira y se alimenta del deseo? ¿Es posible vivir así? ¿Cuánto tiempo puede pasar antes de que la lenta erosión del no desear termine por secar la vida, por hundirla en un marasmo infinito, en un tiempo sin estaciones, sin principio ni final?
Yo tengo la impresión de que casi todos los días trato con gente gris, con alguien que observa desde su rincón de sombra agazapada, inmóvil, tratando siempre de no hacerse notar. Alguien a quien, si se le llega a descubrir, sonríe borrosamente antes de volver a su escondite. Sin embargo, algunas veces la propia vida le hace caer en emboscadas, en situaciones en las que se ve obligado a responder algo, a hacer algún comentario o, simplemente, a fingir cordialidad y saludar. Entonces, ese alguien debe tender su mano de y dejársela estrechar, como una cáscara hueca que por un instante se abandona antes de retirarse con gesto de reptil.
Recuerdo la sensación de esas manos y no puedo dejar de sentir un vago horror, algo que se dibuja en el silencio, en sueños en los que siempre hay bruma y árboles secos y un camino que no va a ningún lugar; algo que tengo la impresión de que se esconde en los bordes de palabras turbias, en los párpados cerrados, atrás, debajo, más allá. Siempre oculto y al acecho; siempre enmascarado. Buenos días, cómo está usted, en qué le puedo ayudar, no tiene por qué darme las gracias; y después no queda nada, salvo la imagen de un rostro cenizo y una sensación como de asco, como cuando, sin quererlo, se toca el cuerpo viscoso de un gusano; el rastro de baba que va dejando tras de si.
Sombra, poco más, poco menos que una sombra.

jueves, 3 de enero de 2008

Viajes

Las puertas se abren y la gente se atropella en su salida. Los veo arrastrando maletas, cargando bolsas. Agitados, parecen decididos a ganar una carrera. Sin embargo, algunos avanzan con torpeza. Hay mujeres que tras haber dado sólo algunos pasos, se detienen resoplando. Luego, mientras tratan de recuperarse, las observo alentar a otros viajeros. Les gritan algo y parecen querer impulsarlos con sus gestos. Después recogen la maleta y reanudan su camino.
Es una absurda carrera que ocurrió en los primeros minutos del día uno del mes uno y que, seguramente, se repite cada año. Desde mi ventana, observo este tráfago y pienso en el sinsentido de ese ritual y sus ministros. Creer que esta simple acción mimética tendrá el poder de confabular el universo para colmar de viajes de placer a esa grey extravagante, es una insensatez.
Los observo y me pregunto sobre los resortes de esa lógica. Para aquellos que ya están ahí, instalados en esas coordenadas, ¿dónde están las señales que habrán de guiar al aprendiz de brujo en su camino hacia la fuente del placer y no, por ejemplo, al sacrificio? ¿Cómo se pueden manipular las fuerzas del destino para que la vida no se despeñe en un viaje hacia el desastre, a una expulsión de la patria, a un desarraigo forzado y sin retorno? ¿Cuántos viajes no habrán de acabar en otros ámbitos, más próximos a la soledad y al sufrimiento?
De todas formas, el viaje real ocurre. Se da en esos actos y en los días meses años subsiguientes, irremediablemente, hasta el final.

viernes, 21 de diciembre de 2007

Santa Claus

El hombre impecablemente disfrazado, gran abdomen, tez clara, barba blanca, cejas también blancas, mejillas rubicundas; el individuo perfecto para esa simulación. Lo observo arrellanarse en un inmenso sofá rojo y me sorprendo de la fidelidad a su papel. Aún más: el gesto cálido, los ademanes que parecen decir “anda, dime cuál es tu deseo y confía en que ese regalo llegará a ti”. Lo miro guiñarle a los niños que, acostumbrados a la ubicuidad de esa figura, lo observan, dudan, pero al final no parecen interesarse mucho en él. Santa se encoje de hombros y le sonríe al fotógrafo quien, con gesto aburrido, se recarga en la pared. No ocurre nada. Yo me volteo y apenas he dado algunos pasos cuando me sobresalta el llanto crispado de un niño. A mi derecha, veo al pequeño de no más de tres años que forcejea con dos niños más grandes que él. “Ven, vamos a ver a Santa” y él pequeño lucha para que no lo arrastren hacia el sofá donde el falso Santa Claus se acomoda y parece hacer un esfuerzo por agradar y, al mismo tiempo, contenerse. Yo lo observo y atisbo cierta malicia en su mirada, algo que parece decir “anda, no temas, ven conmigo”. Luego, levanta sus ojos y lo veo parpadear como si tuviese dificultades para ver. De pronto algo sucede: tengo la impresión de que lo recorre una corriente eléctrica. En un instante, puedo sentir cómo esa fuerza lo estremece hasta que, al llegar a su rostro, se manifiesta en un extraño rictus, una sombra que cae sobre él desvaneciéndolo, borrándolo en el fondo de su enorme sofá rojo. Yo parpadeo y, al abrir los ojos, lo veo de vuelta ahí, entero, sonriéndole a los niños.
A mi alrededor nadie más parece haberse percatado de su ausencia, de la sombra que lo arrebató de ese escenario para llevarlo a otro lugar. Quizás el niño lo alcanzó a intuir; quizás vio su verdadero rostro en el vacío del sofá rojo. No lo sé, pero ahora el niño se aleja de la mano de su madre, en silencio.

martes, 27 de noviembre de 2007

Sinsentido

Los veo todas las mañanas, de pie, cinco metros entre uno y el siguiente, con sus chalecos, gorras y banderas brillantes, todos color naranja, cada uno batiendo enérgicamente su bandera, como en un movimiento de atracción, de adelante hacia atrás. Yo los observo y en algunos de ellos –a veces son ocho, otros días tengo la impresión de que son mucho más- leo tensión en su rostro; los veo apretar los dientes y seguir con la mirada el lento avance de los automóviles que su propio esfuerzo no consigue apresurar. Es como si para algunos de ellos ese movimiento, a fuerza de repetirlo, se convirtiese en un ritual, en un acto al que, para oponerse al sinsentido, ellos hubiesen decidido entregarse en la creencia de que esa tarea, contra toda evidencia, sí tiene algún efecto.
Yo los veo y a veces busco con la mirada a algún oscuro funcionario en su papel de superior, de alguien quien, con rostro adusto, crea marcar el ritmo y la dirección de esa troupe. No lo he encontrado quizás, porque ni ellos ni nadie necesita su presencia.
Los veo y siento pena por el sinsentido de sus actos. Varios de ellos también lo saben; lo he leído en alguna mirada que sin quererlo se ha cruzado, avergonzada, con la mía.
Quién sabe, tal vez ahora, tras haberse liberado por algunas horas del ritual, ese alguien también piense sobre el sinsentido del automovilista que persiste en tomar la misma ruta, siempre…y quizás tenga razón.

jueves, 15 de noviembre de 2007

Alguien a quien no conozco

Pasar varias horas al día cerca de alguien de quien se sabe muy poco. Alguien que además, esto lo intuyo, lucha porque nadie intente aproximarse a él. Es como si hubiese levantado, entre nosotros dos, una barrera hecha de silencios, de gestos, de pequeñas frases que repelen cualquier intento de contacto. Observarlo y no poder acortar esa distancia que él espera conservar ente nosotros dos. ¿Qué le gusta, tiene hijos, qué le irrita, por qué está aquí? Preguntas qué acaso puedan serle incómodas o, quién lo puede anticipar, quizás tengan el poder de abrir la puerta hacia una zona que el otro se empeña en proteger. El espacio del que emerja una mueca que, sin él quererlo, se imponga hasta encarnarse en su rostro de todos los días, deformándolo, mostrando algo que sólo el conoce y que se obstina en ocultar. ¿Qué secretos se asoman en el borde torcido de unos labios, en la mirada que de pronto se pierde en otro tiempo, en el silencio obstinado de una mueca?
Sí, a veces, es mejor no preguntar.

viernes, 2 de noviembre de 2007

Un Perro

Abro la puerta del auto y me sorprende escuchar el ladrido de un perro. Lo oigo entre el ruido de los autos y percibo cierta crispación, algo que me hace sentir que ese ladrido tiene que ver conmigo. Levanto la mirada y veo, justo a la mitad de la avenida, al animal que me ladra y pienso que esos segundos puedan acaso ser los últimos en la vida de ese perro. Lo observo y manoteo en un intento de ahuyentarlo pero él no se mueve, absorto en su propia furia, sin dar un solo paso para alejarse de los autos que apenas alcanzan a esquivarlo. Yo, en cambio, subo a la banqueta y continúo con mi camino. Unos cuantos metros más adelante me cruzo con la mirada horrorizada de una mujer; viene hacia mí con una mueca en los labios y sin mirarme, perdidos los ojos en dirección a la avenida hacia donde, un instante después giro el rostro y busco ese algo que provoca el gesto de esa mujer desconocida. Lo que veo es al perro tendido en el asfalto. No hay sangre. Lo que me sorprende son sus movimientos: lo veo mover sus patas como si aún corriese. Pienso, sin saber por qué, que ese animal ya murió y que lo que ahora veo es más que un movimiento reflejo: el movimiento de un animal que ahora ha dejado atrás su furia y que sigue su camino por otras avenidas, interminables, huecas, desconocidas.

Veo a dos mujeres que intentan recoger el cuerpo. Están de pie sin poder cruzar esa avenida.

Quizás el perro alcanzó finalmente el otro lado, y yo reanudo mi camino.

miércoles, 31 de octubre de 2007

Un Beso

-Pinche Puto, eres un pinche puto.

Un mercado en la ciudad de México. Camino por los pasillos y escucho, de golpe, esas palabras, brutales, duras, estridentes. Busco de dónde vienen y tras algunos segundos observo a un hombre joven que toma de los hombros a un niño que no es mayor de los dos años. Veo sus enormes manos renegridas aferrarse a los hombros del pequeño y desde ahí, agitar todo su cuerpo. El niño se estremece, divertido. Después miro al hombre levantar al niño, atraerlo hacia su rostro y besarlo en los labios.

-Te dejas besar en la boca. Quién lo iba a decir que hasta puto me habrías de salir.

El niño sonríe.

lunes, 15 de octubre de 2007

Ojos azules

Ojos azules que me ven sin verme, que parecen detenerse en mis propios ojos sin tocarlos, que en un arduo trabajo de simulación escudriñan mi rostro sin hacerlo, plegando sus gestos de tal forma que acaso intentan decirme y ahora espero una respuesta. Él había pronunciado efusivamente las palabras huecas, sí, ¿cómo estás? e inmediatamente había iniciado el ritual; esa incómoda marea de fango azul en la que cada una de mis palabras se hundía sin dejar ningún rastro salvo el silencio que coleteaba detrás de cada frase y en el fondo azul de esos ojos que, a pesar de todo, no podían ocultar su desamparo; su empeño torpe por aparentar seguridad y la capacidad de mirar a través de mi y de mis palabras y de su propio ritual que a cada instante naufragaba.
No quise esperar más, le tendí la mano y esperé a que se alejara. No vi que en ningún momento volteara a devolverme la mirada.

miércoles, 10 de octubre de 2007

Pareja de Ancianos

La pareja de ancianos entra en el restaurante. Lentos, se van desplazando entre las mesas. Pasan junto a la nuestra y es entonces cuando en realidad tomo conciencia de ellos. Primero escucho la voz de ella anda, déjame ayudarte. El la mira, fatigado. Se detiene, toma aire y después de unos segundos, le responde no, adelántate tú y llega con ellos; nos esperan. Ella lo observa y titubea. No, no te voy a dejar aquí. Llegamos juntos.
El se ve contrariado, avergonzado quizás. Resopla una, dos veces y después reanuda lento su camino. Ella avanza dos pasos y lo espera y siguen así hasta que llegan al fondo del lugar y alguien se pone de pie y los invita a sentarse.